La economía de México se sigue hundiendo

El coronavirus está destruyendo las economías de todo el mundo, pero el daño está resultando particularmente mayor en México, un país que ya estaba en una situación recesiva desde antes de que llegara el golpe de la pandemia, registrando una caída de su Producto Interno Bruto (PIB) de -0.1% y una contracción de -1.8% en su actividad industrial en 2019.

Múltiples analistas han manifestado su preocupación sobre la solidez fiscal de nuestro país. El 15 de abril, la agencia calificadora de deuda, Fitch Ratings, rebajó la deuda soberana del país al nivel de BBB-, el nivel más bajo dentro de la categoría de “grado de inversión”, apenas por encima de la categoría de bonos basura. La agencia de calificación citó como causas de esta baja al shock económico representado por la pandemia de coronavirus, que conducirá a una recesión severa en México en 2020, así como a una gobernanza relativamente débil y las intervenciones políticas ad hoc del gobierno. Por su parte, la calificadora Moody’s hizo lo propio el 17 de abril, y rebajó la calificación de México a Baa1, y citó entre las causas del ajuste a un menor potencial de crecimiento, el cambio de la administración en el modelo de negocios del sector energético, y las decisiones de política económica durante el último año que han menguado la confianza empresarial y las perspectivas de inversión.

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La recesión que sufrirá México este año será brutal y el impacto en el empleo y la recaudación fiscal serán muy duras, como veremos más adelante. Y es que ya han pasado casi tres semanas desde que el lunes 30 de marzo, el gobierno federal declaró que el país entró en una emergencia sanitaria por el brote del COVID-19 y, junto con ello, anunció el endurecimiento de las medidas de la Jornada Nacional de Sana Distancia, con el objetivo de combatir el “ascenso rápido” en la cantidad de casos. El Decreto Presidencial con la declaratoria de emergencia sanitaria conllevó la “suspensión inmediata de actividades no esenciales” y “en los sectores esenciales, no realizar reuniones de más de 50 personas”.

El resultado de esta declaración de emergencia es que buena parte de la actividad económica nacional se encuentra paralizada, y sólo hay unos cuantos sectores económicos calificados como “esenciales”, trabajando con cierta “normalidad”; mientras que otras actividades luchan por sobrevivir, laborando a puerta cerrada, casi en la clandestinidad, a una capacidad mínima respecto a su potencial, esperando que no llegue físicamente la autoridad federal a obligarlos a cerrar o les imponga una multa.

De acuerdo con la firma Deloitte Latinoamérica, el COVID-19 ha tenido un impacto en los mercados financieros a nivel global y prácticamente todos los empresarios están enfrentando retos mayúsculos asociados con los impactos económicos derivados de los esfuerzos a enfrentar la pandemia. Ejemplos de dichos retos incluyen a los siguientes: 1. Interrupciones en la producción; 2. Interrupciones en la cadena de suministro; 3. Falta de disponibilidad de personal; 4. Reducciones en ventas, ingresos o productividad; 5. Cierre de instalaciones y tiendas; 6. Retrasos en los planes de expansión de negocios; 7. Incapacidad para obtener y aumentar el financiamiento; 8. Volatilidad en los mercados financieros, impactando el valor de los títulos de capital, deuda, los tipos de cambio y las tasas de interés; 9. Reducción del turismo, cancelación de viajes vacacionales y actividades deportivas, actividades culturales y otras actividades recreativas; 10. Falta de liquidez en los negocios; 11. Cambios en el uso de seguros para la organización; y 12. Cambios en el comportamiento de las tasas de pérdidas.

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Deloitte también identifica a las ramas de actividad de más alta exposición, y entre ellas ubica a: Industria de la moda (vestido y calzado); Fabricación automotriz; Proveedor automotriz; Bienes de consumo duradero; Juegos de azar; Alojamiento/Recreación y turismo (línea de cruceros); Aerolíneas; Venta minorista (No alimentos); Transporte marítimo; y Espectáculos públicos.

La negativa del gobierno del presidente López Obrador a dar facilidades para el pago de impuestos federales, así como  a proporcionar a las empresas privadas un paquete de estímulos (medidas que Estados Unidos adoptó desde el mes pasado), ha exacerbado los ánimos de los empresarios y ha aumentado la creciente brecha de entendimiento entre el gobierno federal y la comunidad empresarial.

En este contexto de abandono por parte del gobierno federal, es que preocupa demasiado que la quiebra o cierre definitivo de empresas va en aumento por la propia estructura productiva del país. De acuerdo con datos hechos públicos el pasado miércoles 15 de abril, por la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (CONCAMIN), en nuestro país hay 4.773 millones de empresas, de las cuales el 95% son microempresas que cuentan con 2 a 10 empleados, el 3.94% son pequeñas empresas que tienen de 11 a 50 empleados, el 0.83% son empresas medianas con 51 a 250 trabajadores y solamente el 0.22% son consideradas grandes con más de 251 empleados. Esto es muy relevante porque la mayoría de las micro y pequeñas empresas “viven al día” y la inactividad económica prolongada, y la alta prevalencia de la economía informal, tienen el potencial de provocar que una enorme cantidad de estas empresas desaparezca, al no generar ingresos y si tener el compromiso de seguir pagando la nómina de los trabajadores, al igual que muchos de sus otros costos fijos.

Dada la falta de medidas de apoyo concretas por parte del gobierno federal para mitigar el costo de la crisis en las micro, pequeñas y medianas empresas, es que diversos analistas tienen estimaciones sombrías para el desempeño del PIB de México en el presente año. Al día de hoy el Banco Mundial estima que en 2020 nuestro PIB caerá -6.00%, el Banco suizo UBS estima una contracción  de -7.60%, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) en sus Precriterios Generales de Política Económica estima que el PIB estará en un rango de entre 0.1% a -3.9%, Ducker Frontier pronostica una caída de -9.50%, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima una contracción de -6.60%, el Bank of America estima caída de -8.00%, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pronostica que caerá -5.30%, y así una larga lista de agencias que visualizan un escenario muy complicado.

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En GAEAP estimamos que en 2020 el PIB caerá -8.0% en términos reales y que con un tipo de cambio promedio de 22.40 pesos por dólar, nuestro PIB en dólares bajará de 1.258 billones en 2019 a 1.033 billones en 2020. Lo anterior traerá aparejado un incremento de la Tasa de Desocupación al 7.0%, desde el 3.5% observado en 2019. Al cierre de este año se habrán perdido el 10% de los empleos registrados en el IMSS al pasar de 20.5 millones en 2019 a 18.4 millones en 2020.También esperamos que la masa salarial total se contraiga -4.0% en términos reales en el 2020.

Pero más allá de estas estimaciones macroeconómicas que parecen lejanas, es pertinente hacer mención de lo que ya están sufriendo las empresas de dos importantes sectores económicos: textil y calzado.

De acuerdo con una encuesta realizada en la tercera semana de abril, por parte de la Cámara Nacional de la Industria Textil (CANAINTEX), el 47.4% de las empresas de la industria textil están completamente paradas, mientras que el 21.0% trabajan en un rango del 0% al 25% de su capacidad. Por su parte, el 68.4% de las empresas encuestadas mencionan que sus ventas cayeron entre un 81 y 100%. Este escenario hace que el 52.6% de los empresarios anticipen que el balance del 2020 sea una caída de ventas de entre el 21 y 40%, aunque el 31.6% estima que el balance anual será de una caída de entre el 61% y 80%. En la misma encuesta se hace mención a que el 16.7% de las empresas reporta un aumento de su cartera vencida de entre el 81 y el 100%, mientras que el 38.9% de las empresas han visto aumentar su cartera vencida en un rango de entre el 61 y 80%.

Ahora, en cuanto a la encuesta realizada por la Cámara de la Industria del Calzado del Estado de Guanajuato (CICEG), la cual se levantó entre el 15 y 16 de abril, tenemos que el 70.37% de las empresas encuestadas registra caídas de entre el 81 y 100% de sus ventas. El 64.20% de las empresas encuestadas registró una caída en su nivel de producción de entre el 91 y el 100%, mientras que el 9.88% registra una caída en su producción de entre el 81 y el 90%. De manera solidaria, el 69.1% de las empresas encuestadas ha conservado a más del 70% de su plantilla laboral. Finalmente, el 61.72% de los encuestados señala que su cobranza ha caído entre el 81 y el 100%.

Los daños a las empresas ahí están, son  evidentes. Es así que es urgente que se tomen medidas reales para salvar los empleos y las fuentes de ingreso de miles de familias mexicanas. La falta de acción por parte del gobierno federal ya provocó que nos bajaran la calificación de la deuda y eso trae aparejados otros costos. La iniciativa privada mexicana, a través del Consejo Coordinador Empresarial propuso un decálogo de acciones para rescatar la economía del país, y el gobierno federal les “cerró la puerta”. Es importante que surjan más personajes que alcen la voz e insistan hasta que el gobierno escuche que esta equivocado y nos lleva por el sendero equivocado, a uno de mayor pobreza y subdesarrollo.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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¿Qué esperar para la economía mexicana en lo que resta del 2020?

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Al día de hoy, a nivel mundial ya hay más de 318 mil casos de COVID-19, en México apenas 251.

Las últimas dos semanas, desde el sábado 7 de marzo cuando Arabia Saudita anunció que inundaría el mercado mundial con petróleo, han sido de extrema volatilidad en los mercados financieros mundiales. En el caso de México la hemos resentido de manera importante, por las propias debilidades estructurales de nuestra economía.

Por una parte, hemos comentado el enorme riesgo en el que están nuestras finanzas públicas por la fuerte caída de los precios internacionales del petróleo, incluido el de la mezcla mexicana. De acuerdo con información del Banco de México, el 18 de febrero, el barril estaba en 48.85 dólares y el 20 de marzo cerró en 15.78 dólares, lo que implica que en cosa de un mes, éste se derrumbó 67.7%, con el consecuente golpe para las finanzas públicas. En este sentido, muchos hemos criticado la falta de transparencia de Pemex y el gobierno federal por no dar suficientes detalles respecto de las condiciones de contratación de las coberturas petroleras que se debieron haber adquirido para garantizar un precio mínimo del petróleo. En el caso concreto de Pemex la falta de transparencia es aún mayor.

El desajuste fiscal ocasionado por la caída en el precio del petróleo será exacerbado por el desplome de los ingresos fiscales del gobierno por concepto de Impuesto Sobre la Renta (ISR) e Impuesto al Valor Agregado (IVA). En la semana que concluye, la mayoría de los analistas han ajustado su expectativa de crecimiento económico para México para este año. El Bank of America espera una contracción de -4.5%, Banorte de -3.5%, Citibanamex de -2.6%, JP Morgan de -1.8%, Credit Suisse -4.0%, Scotiabank -5.8% y así puedo mostrarles más ejemplos. Pero lo que es aún peor es la expectativa de caída del PIB para el segundo trimestre de 2020, siendo la expectativa de JP Morgan de -15.5%. Para poner dicha cifra en contexto, tenemos que el Banco de Información Económica (BIE) de INEGI nos presenta la información trimestral de evolución del PIB para el periodo de 1981 a 2019 y para todo ese periodo la caída del PIB más fuerte registrada fue de -9.1% el segundo trimestre de 1995. Esto implica que de materializarse la expectativa de JP Morgan, en el segundo trimestre de 2020 veremos la mayor caída del PIB para un trimestre desde 1932, año en el que el PIB de México cayó -14.83% según Manuel Aguirre Botello.

Para agravar las cosas aún más para México, pues tenemos que en Estados Unidos también se anticipa un escenario casi apocalíptico, que frenará nuestras exportaciones hacía dicha nación. El viernes 20 de marzo, los economistas de Goldman Sachs dijeron que anticipan una caída en el PIB estadounidense de -24.0%, después de una caída de -6.0% en el primer trimestre. Esto después del freno repentino e histórico de la actividad, en aras de frenar la pandemia del Covid-19.  La buena noticia es que los economistas esperan un rebote de 12.0% en el tercer trimestre y uno de 10.0% en el cuarto. De esta manera, la expectativa es que Estados Unidos cierre con una caída anualizada de su PIB en todo 2020 de -3.8%.

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Todo esto hace que se observe un escenario muy complicado para las finanzas públicas de México, por lo que es altamente probable que las agencias calificadoras de deuda como Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch nos bajen la calificación de la deuda tanto soberana, como la de Pemex, lo cual amplificaría el problema de depreciación de nuestra moneda que de por si nos ha pegado fuerte. Es verdad que muchos capitales han abandonado el país anticipándose a la degradación de la calificación de nuestra deuda, pero muchos más pueden salir una vez que se materialice el escenario en el que perdamos el “grado de inversión”.  Sucede que muchos de los capitales que se mueven por el mundo, son controlados por algoritmos computacionales, de manera que una baja en la calificación de la deuda mexicana y de Pemex ocasionaría mayores salidas de capitales sin intervención humana. De esta manera, si las autoridades federales continúan sin explicar cómo van a abordar el problema fiscal que se nos avecina, no se descarta ver al tipo de cambio en niveles de hasta 28 pesos por dólar o más, al menos en el corto plazo.

Referente al tipo de cambio, varias personas me han preguntado cómo se ha comportado nuestra moneda frente al dólar y cómo se compara esto con el desempeño de otras monedas. Entonces decidimos hacer un pequeño análisis en GAEAP, con datos del Pacific Exchange Rate Service, el cual presentamos a continuación:

Encontramos que en el comparativo de la primera semana completa del año (del 6 al 10 de enero) y la semana más reciente (del 16 al 20 de marzo) el dólar estadounidense pasó de un promedio de 18.83 a 23.586 pesos mexicanos, lo que implica un encarecimiento de 25.3%. Al comparar esto con las monedas más importantes a nivel mundial y de Latinoamérica, vemos que el dólar se apreció 26.1% respecto al peso colombiano y 24.3% frente al real brasileño. Siendo entonces estos dos países y México los que mayor depreciación de su moneda han registrado en lo que va de 2020.

Por su parte, el dólar estadounidense se ha apreciado 16.3% respecto del dólar australiano, 13.3% frente al dólar de Nueva Zelanda, 11.8% frente al peso chileno, 10.3% frente a la libra esterlina, 9.7% frente al dólar canadiense, 7.2% frente al won de Corea del Sur, 6.0% frente al peso argentino, 2.3% frente al euro y 1.5% frente al yuan chino. Por su parte, el dólar estadounidense ha perdido el 0.1% de su valor frente al dólar de Hong Kong, se ha depreciado -0.3% frente al franco suizo y se ha depreciado -0.4% respecto del yen japonés.

Queda claro pues que de este grupo de 15 monedas, en lo que va de 2020, el peso mexicano es la de segundo peor desempeño, debilidad que se explica por los factores antes mencionados, y que desde luego se puede agravar.

En este sentido, una buena noticia es que el Banco de México adelantó su decisión de política monetaria una semana, y que el viernes 20 de marzo anunció que disminuyó su tasa de interés objetivo a un día a un nivel de 6.50%. Esta decisión en principio no tuvo un impacto en el tipo de cambio, el cual se encuentra al momento de escribir estas líneas en 24.4368 pesos por dólar en su cotización interbancaria. Es un nivel de tipo de cambio muy alto, que ya se había observado desde el jueves 19, por lo que no se puede decir que la baja en la tasa de interés haya tenido un impacto negativo en la moneda.

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Los más pobres son los más vulnerables al Covid-19, en todos los sentidos.

Cabe destacar que en el comunicado de prensa que el Banxico emitió para dar a conocer su decisión, hace una reflexión de que la baja en la tasa de interés se dio porque se espera que la demanda interna caiga tanto que habrá menores presiones en los precios, pero al mismo tiempo hace mención de que el aumento en el tipo de cambio podría presionar la inflación hacía arriba. Cabe recordar que la inflación anualizada de febrero de 2020 fue de 3.7%, por lo que cualquier contaminación de los precios por el alza en el tipo de cambio, pondría un freno a mayores bajas en la tasa de interés. Sin embargo, la baja temporal en los precios de las gasolinas ayuda de manera importante a restar presiones inflacionarias.

A manera de conclusión, podemos señalar que estamos viviendo la peor crisis económica en al menos 90 años si se analiza desde la óptica del freno que veremos en el segundo trimestre de 2020, y será la peor crisis desde 1995 si se analiza en términos del balance esperado para todo el año. Muchas empresas ya están sufriendo los estragos de clientes que les han cancelado pedidos e inclusive a muchos los han dejado con el producto terminado y no se los van a recibir. Muchos compradores han anunciado que no realizarán pagos y varios de los compradores internacionales han solicitado al menos un mes más de plazo para poder pagar.

En México no ha habido ningún anuncio de apoyos por parte de la Secretaría de Economía, y tampoco ninguna consideración por parte de las autoridades fiscales del país como la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. La sociedad y los empresarios hemos sido dejados a nuestra suerte. Otro aspecto a considerar es el fuerte problema que se le puede ocasionar a los bancos por quienes de plano les dejarán de pagar sus créditos, por lo que se espera que ellos anuncien alguna medida de apoyo en los próximos días. Es así que el escenario económico se complica día con día a pasos agigantados, y lo peor está aún por llegar.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

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Un sexenio perdido para la industria mexicana

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La participación de la industria en el PIB de México pasó de 34.0% en 2012 a 29.8% en 2017

La actividad industrial de un país es un pilar fundamental para su desarrollo económico porque son precisamente la mayoría de los bienes industriales los que se pueden exportar, porque la industria paga en promedio mejores salarios que el comercio y algunos servicios, entre otras ventajas como la posibilidad de adquirir tecnología de vanguardia. La historia reciente nos ha mostrado que muchos de los países que abandonaron su industria poniendo énfasis en el comercio y los servicios, como Estados Unidos y varios países europeos, ahora se muestran arrepentidos y buscan a toda costa reindustrializarse brindando toda clase de incentivos para hacer que su industria regrese. Dados estos hechos, es por ello que es indispensable que el gobierno federal en México se preocupe por generar las políticas públicas que generen el ambiente propicio para que se fortalezca esta actividad.

 

Lamentablemente en México llevamos varios años en un proceso de desindustrialización, y evidencia de esto es que de acuerdo con cifras del INEGI, en el tercer trimestre de 2012 el Producto Interno Bruto nominal fue de 15.770 billones de pesos, y de este total el 34.0% fue el PIB industrial (conformado por las siguientes cuatro actividades: Minería; Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final; Construcción; e Industrias manufactureras). Para el tercer trimestre de 2017 el PIB nominal de México fue de 21.565 billones de pesos, y de este total solo el 29.8% fue PIB generado por la industria. Esto implica que en cinco años se perdieron 4.2 puntos porcentuales de participación en el PIB. Es importante señalar que en el tercer trimestre del año 2006 el PIB industrial de México representó el 35.6% del PIB total.

 

El proceso de desindustrialización de México se ve más claramente si dejamos de lado por un momento a la actividad “Fabricación de equipo de transporte”, la cual incluye la fabricación de automóviles y camiones, actividad estrella de nuestro país. El PIB Industrial sin tomar en cuenta la fabricación de equipo de transporte pasó de representar el 31.3% del PIB nominal en el tercer trimestre de 2012 a representar sólo el 26.0% del PIB nominal en el mismo trimestre de 2017, lo que entonces indica que si no tomamos en cuenta la fabricación de equipo de transporte el PIB industrial en México habría perdido 5.3 puntos porcentuales de participación económica en tan sólo cinco años.

 

Pero más allá de ver que el peso relativo del PIB industrial en México ha venido disminuyendo a tasas elevadas en lo que va del presente sexenio federal; es importante conocer si la caída en su participación se debe a que ha crecido más lentamente que el resto de la economía o porque ha disminuido su producción. Para conocer esto, analizamos a continuación la evolución del  el Índice de Volumen Físico de la Actividad Industrial (IVFAI).

 

De acuerdo con cifras de INEGI, el ÍVFAI creció apenas 3.0% en el periodo comprendido entre los primeros once meses de 2012 y los mismos meses de 2017, lo que equivale a una tasa de crecimiento promedio anual de sólo 0.6%. El incremento de 3.0% en los últimos cinco años fue producto de una alarmante caída de -19.0% en la minería (equivalente a -4.1% promedio anual); un avance de 10.3% en Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final (2.0% promedio anual); un crecimiento de 3.5% en la Construcción (equivalente a tan sólo 0.7% promedio anual) y un incremento de 12.0% en la Industria manufacturera (2.3% promedio anual).

 

Ahora, en cuanto al empleo formal, el registrado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), vemos que en el periodo de septiembre de 2012 al mismo mes de 2017, el número de trabajadores totales registrados pasó de 16.033 millones a 19.428 millones, lo que representa un aumento de 21.2%; sin embargo, los empleos en la industria pasaron de 5.791 millones a 7.178 millones en el mismo periodo de tiempo, lo que implica un incremento de 24.0% en el mismo periodo. ¿Cómo es posible que la industria incremente su producción en apenas 3.0% en los últimos cinco años y de manera paralela el empleo formal aumente en 24.0%? La respuesta es obvia: lo que tanto presume el gobierno federal como el record en creación de empleos formales en un sexenio, no se trata de creación de empleos, sino de la regularización de los ya existentes.

 

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La industria del calzado ha sido muy afectada por las prácticas desleales e ilegales de comercio exterior

De otra manera, no se explica la precarización del empleo en México, tal como la hemos estado reportando desde este espacio. De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de INEGI, en el comparativo del tercer trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2017 vemos que la población ocupada total (formal e informal) en nuestro país que no recibe ingresos disminuyó en -639 mil personas, los que ganan hasta un salario mínimo aumentaron en 567 mil personas, los que perciben de 1 a 2 salarios mínimos subieron en 2.269 millones de personas, y los que ganan de 2 a 3 salarios mínimos crecieron en 484 mil personas. Por su parte, los que perciben de 3 a 5 salarios mínimos disminuyeron en -721 mil personas y los que ganan más de 5 salarios mínimos decrecieron en -1.172 millones de personas. Derivado de lo anterior, el salario promedio ponderado de la población  ocupada en México disminuyó de 2.44 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2012 a 2.25 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2017. Tomando en cuenta las alzas al salario mínimo y la inflación, esto implica una incremento anual en el salario promedio real diario de la población ocupada de apenas 0.17% en los últimos cinco años. ¿Es lógico que con esos números de “creación” de empleos en la industria los salarios estén estancados? La respuesta es no.

 

¿A qué se debe el proceso de desindustrialización de México? Desde luego que a muchos factores, en el caso de la Minería podemos mencionar la corrupción en Pemex, lo que ha provocado que el volumen de producción de petróleo haya caído de 2.528 millones de barriles diarios (mbd) en julio de 2012 a tan sólo 1.96 mbd en noviembre de 2017. Esto aunado a la caída en el precio internacional del petróleo provocó la fuerte caída que se señala líneas arriba.

 

En el caso de la Construcción, más allá de una política de apoyo a este sector, las recientes alzas en la tasa de interés por parte del Banco de México dieron al traste con la incipiente recuperación que comenzaba a tener este sector en 2014 y 2015. De igual forma, los fuertes recortes al gasto de inversión por parte del gobierno federal (dado que ahora tienen que pagar más intereses por su deuda pública) también causaron mella.

 

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La industria textil genera más de 800 mil empleos y se ve afectada por importadores ilegales

En cuanto al sector manufacturero, entre las causas están los escasos avances en la lucha contra el contrabando y la subvaluación de mercancías en las aduanas del país. El hecho de que todos los días entren al país millones de dólares de mercancías que no pagan impuestos, que en ocasiones son fabricadas en el extranjero sin respetar derechos laborales (ver documental “The True Cost” de Andrew Morgan), ha causado un fuerte impacto negativo en sectores como textil, calzado, vestido, electrónico, muebles, entre muchos más. Por otra parte, el tener costos de los insumos para la producción más elevados nos resta competitividad. En México los costos de la electricidad, los combustibles, el acceso al crédito, los costos del transporte (derivados de los problemas de inseguridad en las carreteras), entre muchos más, son más elevados que en naciones asiáticas. Otro aspecto que también afecta negativamente es la falta de financiamiento accesible para las Mipymes, las cuales difícilmente pueden sobrevivir al no contar con recursos para la compra de maquinaria y equipo que las hagan más productivas y eficientes. Finalmente, la negociación de acuerdos comerciales con una óptica más de entregar nuestro mercado que de buscar nuevas oportunidades de negocio para nuestros fabricantes también ha incidido negativamente.

 

En fin, la lista de temas a resolver para frenar la desindustrialización de México es muy larga. Queda claro que el actual gobierno federal ya no podrá hacer mucho para revertir la situación, pero si es importante que las cúpulas empresariales generen propuestas a quienes aspiren a dirigir el destino de México en el siguiente sexenio. Los candidatos deben comprometerse con la industria y cumplir sus promesas, y es por esto que la iniciativa privada mexicana debe comenzar a trabajar desde ahora en la realización de consultas con sus afiliados para eventualmente entregar las propuestas de las cosas indispensables para que nos convirtamos en una potencia industrial global.

 

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt