Entendiendo el choque económico global del COVID19

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El COVID-19 ha expuesto la fragilidad económica mundial

Conforme la pandemia del COVID-19 continúa avanzando por todo el mundo, hemos visto que en aras de frenarla, los gobiernos han recurrido a medidas eficaces de salud pública, tales como el distanciamiento social. Sin embargo, al hacer esto, se ha interrumpido el flujo de bienes y personas, lo que ha provocado el colapso de la actividad económica y ahora nos encontramos en el proceso de generación de una recesión global. Hemos visto pujes que el contagio económico ahora se está extendiendo tan rápido como la propia enfermedad.

Este escenario recesivo global no parecía muy probable todavía hace unas semanas; pero la inacción  por parte de políticos, formuladores de políticas públicas y los mercados, quienes pensaban que el COVID-19 se comportaría como pasadas infecciones, ahora le generará enormes costos a la economía mundial.  Ahora, que ya vamos muy avanzados a lo largo de la trayectoria de la enfermedad, con más de 683 mil casos a nivel mundial, los costos económicos de las medidas de contención son mucho más altos, mientras que predecir lo que sucederá en los próximos días se ha vuelto casi imposible, ya que múltiples dimensiones de esta crisis no tienen precedentes y por lo tanto son desconocidas.

En este contexto, el hablar de una recesión global es bastante ambiguo y lo único que deja claro es  la expectativa de crecimiento negativo para este año. Las preguntas que ahora muchos se hacen tienen que ver con la trayectoria esperada del shock económico y el tiempo que tardaremos para la recuperación, si las economías podrán volver a sus niveles de producción y tasas de crecimiento previos al shock, y si habrá algún legado estructural de la crisis del coronavirus. En esta entrega planteo los escenarios que se abordan en el artículo de Philipp Carlsson-Szlezak, Martin Reeves y Paul Swartz, titulado “Entendiendo el choque económico del Coronavirus” y que fue publicado el 27 de marzo en el Harvard Business Review.

Perspectiva complicada y poca confiabilidad de los pronósticos

El tiempo para la implementación de un distanciamiento social efectivo (el único enfoque conocido para abordar la enfermedad eficazmente) se agota. Queda claro que no se logró contener en la provincia de Hubei, pero el resto de China se aseguró de hacer las cosas bien y lograron contener la expansión de la enfermedad. En Italia se perdió la oportunidad, y luego el resto de Europa también la perdió. En los Estados Unidos queda claro que también no se aprovechó la oportunidad. En México el gobierno federal ha dado señales encontradas, por lo que aún no sabemos si lo que la sociedad ha hecho por su cuenta ha servido. Lo que si sabemos es que a medida que la enfermedad prolifera, las medidas de distanciamiento social deberán aplicarse de manera más estricta y durante más tiempo para lograr el mismo efecto, lo que ahoga a la actividad económica en el proceso.

Desde luego que sigue siendo una posibilidad real el que ocurra una nueva ola de infecciones, lo que significa que incluso los países que actuaron con relativa rapidez todavía están en riesgo, sobre todo ahora que tratan de regresar a sus economías a trabajar en pleno empleo. De hecho, ya hemos visto un resurgimiento del virus en Singapur y Hong Kong. En ese sentido, solo la historia dirá si sus respuestas tempranas y agresivas dieron resultado en el mediano plazo.

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Los mercados bursátiles han borrado años de utilidades en el último mes

En la actualidad, las perspectivas económicas para los actores tardíos parecen sombrías, ya que han tomado a todos por sorpresa. Lo que sucedió en las últimas cuatro semanas no fue parte del cálculo del riesgo y los pronósticos de la devastación económica no han más que fallado. Por ejemplo, hace cuatro semanas el debate en México era si lograríamos crecer al menos 1.0% en este año, y gozábamos de un tipo de cambio en 18.50 pesos por dólar; mientras que ahora hablamos de una caída esperada del PIB superior al 6% y de un tipo de cambio que ya ha rebasado los 25 pesos por dólar. Otro ejemplo lo tenemos en Estados Unidos, donde hace una semana las estimaciones del consenso para las solicitudes iniciales de desempleo eran de alrededor de 1.6 millones, pero la cifra real llegó a 3.28 millones, una cifra históricamente sin precedentes, ya que equivale a casi cinco veces más que el mayor incremento semanal ocurrido en la crisis financiera de 2008-2009. Es así que los pronósticos que ahora se hacen, y que abundan todos los días en los medios, parecen especialmente poco creíbles, especialmente ahora que hay tantos aspectos desconocidos, entre los que destacan:

  1. Las propiedades del virus no se entienden completamente y podrían cambiar.
  2. El papel de los pacientes asintomáticos aún se entiende de manera imperfecta. Por lo tanto, las tasas reales de infección e inmunidad son inciertas, especialmente en aquellos países en los que las pruebas son limitadas.
  3. Las respuestas de los gobernantes serán diferentes, a menudo demoradas, y cometerán errores.
  4. Las reacciones de corto y mediano plazo de empresas y hogares son inciertas.

Quizás la única certeza es que cualquier intento de un pronóstico definitivo fracasará. Sin embargo, en este contexto el examinar varios posibles escenarios sigue siendo útil. A continuación se exponen tres posibles escenarios:

Anticipando la forma que tendrá el choque

El concepto de recesión es binario y contundente (o creces o decreces). Lo que hasta ahora sabemos es que las expectativas han cambiado de crecimiento positivo a negativo, y que así será al menos durante dos trimestres consecutivos. En este sentido, la cuestión más amplia del escenario gira en torno a la forma que tendrá el choque o lo que llamamos “geometría del choque”, y su legado estructural. ¿Qué es lo que lleva a que se dé determinada forma de choque y dónde encaja COVID-19?

Para ilustrar esto, el artículo del Harvard Business Review que menciono líneas arriba, analiza cómo un mismo shock: la crisis financiera mundial de 2008-2009, condujo a recesiones con progresiones y recuperaciones muy diferentes en tres países. A continuación se ejemplifican los diferentes escenarios de progresión económica.

  1. Forma de V. En 2008, Canadá evitó una crisis bancaria ya que el crédito continuó fluyendo y la formación de capital no fue tan significativamente interrumpida. Evitar un colapso más profundo ayudó a mantener a la población trabajando y evitó que sus habilidades se atrofiaran. El PIB cayó pero volvió a subir sustancialmente de regreso a su trayectoria de crecimiento previa. Esto es típico de un choque clásico de “forma de V”, donde la producción cae en el corto plazo, pero el crecimiento finalmente retoma su antigua trayectoria.
  2. Forma de U. Los Estados Unidos tenían un camino marcadamente diferente ya que el crecimiento cayó precipitadamente y nunca se recuperó de regreso a la trayectoria anterior precrisis. Eventualmente la tasa de crecimiento se recuperó, pero la brecha respecto de la trayectoria anterior y la nueva es grande y se ha mantenido, lo que representa un daño en la capacidad productiva (por el lado de la oferta) y una pérdida de producción indefinida. Como saben, esto fue producto de una profunda crisis bancaria que interrumpió la intermediación crediticia. A medida que la recesión se prolongó, causó más daño a la oferta laboral y a la productividad. La forma cómo evolucionó Estados Unidos en 2008 y delante es una clásica “forma de U”, una versión mucho más costosa que la forma de V que observó Canadá.
  3. Forma de L. Grecia es el tercer ejemplo y, con mucho, la peor forma ya que el país no solo nunca recuperó su trayectoria de producción anterior, sino que también su tasa de crecimiento ha disminuido. La distancia entre la trayectoria antigua del PIB y la nueva se ha ampliado, además de que la producción perdida sigue creciendo. Esto significa que la crisis ha dejado daños estructurales duraderos por el lado de la capacidad productiva (oferta) de la economía. Los insumos de capital y laborales, así como la productividad han sido repetidamente dañados. Grecia puede verse como un ejemplo de forma de L, con mucho, la forma más perniciosa.

Entonces, ¿qué es lo que provoca la “geometría de choque” como en los tres ejemplos mencionados? El determinante clave es la capacidad del choque para dañar la capacidad productiva de la economía (el lado de la oferta), y más específicamente, que tanto se daña la formación de capital fijo. Cuando se interrumpe la intermediación crediticia y el stock de capital no crece o de plano cae por el cierre de múltiples empresas, la recuperación va a ser muy lenta. Además, los trabajadores abandonan la fuerza laboral, se pierden sus habilidades y la productividad disminuye. De esta manera es como un choque se vuelve estructural.

Es cierto que los choques en forma de V, U y L pueden darse en diferentes intensidades. Un camino en forma de V puede ser poco profundo o muy profundo, como se anticipa la caída del PIB de Estados Unidos de hasta -30% en el segundo trimestre de este año. Mientras que una forma de U puede venir con una caída profunda que ocasione una nueva ruta de crecimiento, con una trayectoria por debajo de la que antes se tenía.

¿Por lo que hasta ahora hemos visto, dónde encaja el shock del coronavirus? La intensidad del choque estará determinada por las propiedades subyacentes del virus, las respuestas de los gobiernos, así como el comportamiento del consumidor y de los empresarios frente a la adversidad. Pero la forma del choque (V, U o L) está determinada por la capacidad del virus de dañar la estructura productiva (la oferta agregada) de cada economía, particularmente es la formación de capital fijo. En este sentido, en este momento lo más seguro respecto de lo que le espera a México es una forma de U profunda, dado que en el 2019 la inversión fija bruta ya había caído -4.94% y este arranque de 2020 no ha sido nada positivo.

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El desdén con el que el Gobierno Federal ha tratado la enfermedad y la falta de apoyos para las empresas tendrá consecuencias de muy largo plazo para las perspectivas de crecimiento de mediano y largo plazo.

México es de los pocos países que no ha anunciado apoyos para las empresas. El gobierno federal ha dicho que no destinará recursos para las medianas y grandes empresas, lo que supone un deterioro de la capacidad productiva en el país para el mediano plazo. ¿Cuántas empresas van a quebrar en los próximos tres meses? Por su parte, la cancelación del proyecto de Constellation Brands en Baja California ha mermado la confianza empresarial en el país, sobre todo por parte de extranjeros. De esta manera, el escenario macroeconómico para México es de una caída en el PIB de al menos -6.0% en 2020 y posiblemente una ligera recuperación de 2 a 3% en 2021. El daño estructural será grande y posiblemente no nos recuperaremos en al menos 20 años.

Comprendiendo los mecanismos del daño

Teniendo en cuenta las 3 geometrías antes descritas, esto nos lleva a dos preguntas sobre el choque del COVID-19: ¿Cuál es el mecanismo a través del cual se provoca un daño por el lado de la oferta? y ¿Cuál debe ser la respuesta de los gobiernos para evitar tal daño?

Históricamente hemos visto que las crisis financieras paralizan el lado de la oferta de una economía. Hay una larga historia de tales crisis, y sobre ellas, los formuladores de política económica a nivel mundial han aprendido mucho sobre cómo lidiar con ellas. Pero el coronavirus extiende los problemas de liquidez y falta de capital a la economía real, y lo hace a una escala sin precedentes. Como si los riesgos de los shocks de liquidez financiera y real no fueran suficiente, tenemos el hecho de que ambos están interrelacionados, lo que hace que ambos riesgos se retroalimenten y refuercen.

Veamos con más detalle los dos posibles caminos para que el COVID-19 produzca daños estructurales en la economía mundial, en un escenario en forma de U:

Riesgos del sistema financiero: El choque del COVID-19 ya ha generado estrés en los mercados de capitales, provocando una respuesta contundente por parte de los bancos centrales. Si los problemas de liquidez persisten y los problemas de la economía real conducen a la imposibilidad del sector privado de pagar sus deudas, surgirán entonces problemas para mantener el capital físico. Si bien conocemos las soluciones, sabemos que los rescates y la recapitalización de los bancos son políticamente controversiales. En el caso de una crisis financiera, la formación de capital sufriría un gran golpe, provocando una caída prolongada, también con daños al empleo y la productividad de la mano de obra.

Un mayor congelamiento de la economía real: La verdadera posibilidad, sin precedentes, de meses de distanciamiento social podrían interrumpir también la formación de capital y, en última instancia, el empleo y el crecimiento de la productividad. A diferencia de las crisis financieras, una congelación prolongada de esta magnitud que dañe la capacidad productiva (oferta) sería algo nuevo para los políticos.

Los riesgos para la economía financiera y real están interrelacionados de dos maneras: en primer lugar, una crisis prolongada de COVID-19 podría aumentar el número de quiebras en la economía real, lo que dificulta aún más la gestión del sistema financiero. Mientras tanto, una crisis financiera terminaría por matar de hambre a la economía real, la cual requiere urgentemente de crédito.

Es justo decir que el perfil de riesgo de la crisis de COVID-19 es particularmente amenazante. Si bien existe un libro de recetas de política económica para enfrentar las crisis financieras, no existe tal cosa para un escenario de congelación a gran escala de la actividad de la economía real.

Innovando para mitigar el choque

Es importante reconocer que ninguno de los escenarios de choque descritos anteriormente es inevitable, lineal o uniforme para todos los países. Las naciones tendrán experiencias considerablemente diferentes por dos razones: la resistencia estructural de las economías para absorber tales choques (llamémoslo destino) y la capacidad de los investigadores médicos y los encargados de formular políticas para responder de nuevas maneras a un desafío sin precedentes (llamémoslo innovación). ¿Podemos crear un sistema novedoso, a una velocidad sin precedentes, que nos ayude a salvar vidas humanas sin crear miseria económica? Esta es la mayor pregunta en este momento.

En el aspecto médico: está claro que una vacuna reduciría la necesidad de distanciamiento social y, por lo tanto, relajaría la asfixia de la política en la economía global. Pero el tiempo para que esto ocurra es largo, por lo que es posible que el enfoque deba estar en la innovación incremental dentro de los límites de las soluciones existentes. Se pueden encontrar ejemplos de tal innovación en todo el espectro médico. Los tratamientos existentes pueden resultar efectivos para combatir la enfermedad y actualmente se están evaluando varias docenas de tratamientos existentes.

En el aspecto económico: mientras que en México no hay apoyos para el sector privado y de lo poco que hemos visto en apoyos se ha dado por la Asociación Mexicana de Bancos (AMB), en los Estados Unidos se aprobó un paquete de estímulo de $2 billones de dólares. Esto para suavizar el golpe de la crisis del coronavirus. Pero más allá de esto, la innovación política también tendrá que ocurrir. Por ejemplo, los bancos centrales operan las llamadas “ventanillas de descuento” que proporcionan financiamiento ilimitado a corto plazo para los bancos privados. Lo que se necesita ahora, es una “ventanilla de descuento para la economía real” que también puede ofrecer liquidez ilimitada a hogares y empresas sanas.

El panorama emergente incluye muchas otras ideas valiosas. Entre ellas se encuentran los “préstamos puente” que ofrecen préstamos sin intereses a hogares y empresas por la duración de la crisis y un período de reembolso generoso; una moratoria en los pagos de hipotecas para deudores residenciales y comerciales; o usar a los reguladores bancarios para que los bancos proporcionen financiamiento y modifiquen los términos de los préstamos existentes. Dicha innovación podría tener un impacto significativo al suavizar el impacto del virus en la capacidad productiva de las economías.

Es así que, con voluntad, existe la posibilidad de que la innovación evite una evolución económica en forma de U, y así podamos lograr mantener la trayectoria del choque más cercana a una forma de V profunda. Pero la batalla está en marcha, y queda claro que sin innovación, las probabilidades no están a favor del escenario menos dañino que es la forma de V.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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