Exportaciones récord, industria en retroceso y una economía que no despega
Durante más de tres décadas, el modelo económico mexicano ha descansado sobre la premisa de que exportar es crecer. La apertura comercial, la firma de tratados comerciales con decenas de países, la integración a las cadenas globales de valor y la consolidación de México como una potencia manufacturera orientada al exterior han sido presentadas como el camino hacia el desarrollo económico sostenido. Las cifras de comercio exterior parecen confirmar este discurso. Año tras año, las exportaciones alcanzan máximos históricos y el país se consolida como uno de los principales exportadores manufactureros del mundo.
En 2025, México exportó 664,837 millones de dólares, el nivel más alto jamás registrado. Esta cifra representó un incremento anual de 7.6%, equivalente a 47,160 millones de dólares adicionales respecto al año anterior. Como resultado, la balanza comercial, que había permanecido en déficit desde 2021, registró un superávit de 771 millones de dólares. A primera vista, estos datos parecerían confirmar el éxito del modelo exportador mexicano.

Sin embargo, cuando se analiza el desempeño de la industria, el empleo y el crecimiento económico, emerge una realidad profundamente distinta. El auge exportador no se traduce en mayor dinamismo manufacturero, ni en mayor generación de empleo en el sector, ni en un crecimiento económico sostenido. Por el contrario, los datos muestran que la manufactura se contrae, el empleo industrial disminuye y el crecimiento económico permanece débil. Esta contradicción no es menor. Es la señal inequívoca de que el modelo exportador mexicano ha dejado de cumplir su función fundamental como motor del desarrollo económico interno.

Exportaciones récord, pero industria en retroceso
El primer elemento que revela esta desconexión es el comportamiento del sector manufacturero. De acuerdo con la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera, el personal ocupado en el sector disminuyó de 4,798,155 trabajadores en promedio en 2024 a 4,717,875 en promedio en 2025. Esto implica la pérdida de 80,280 empleos manufactureros en un solo año, equivalente a una caída de 1.7%. Este dato es especialmente relevante porque ocurre en el contexto del mayor auge exportador en la historia del país.

Al mismo tiempo, el Indicador Global de la Actividad Económica confirma que la actividad manufacturera no solo no creció, sino que se contrajo durante dos años consecutivos. El índice manufacturero pasó de 107.0 puntos en 2023 a 106.7 en 2024 y posteriormente a 106.3 en 2025. Esta caída acumulada confirma que la industria manufacturera opera hoy por debajo de los niveles observados hace dos años, a pesar del crecimiento sostenido de las exportaciones.

Incluso el incremento nominal en el valor de la producción manufacturera, que pasó de 11,012,761 millones de pesos en 2024 a 11,199,111 millones en 2025, equivalente a un crecimiento de 1.7%, no refleja una expansión real de la actividad productiva, ya que esta cifra está medida en pesos corrientes y, por lo tanto, no refleja el comportamiento en términos reales de la actividad productiva. Lo que sí es incuestionable es que el aumento nominal en el valor de la producción ocurrió al mismo tiempo que el empleo manufacturero disminuía, lo que confirma que el auge exportador no se tradujo en una expansión del empleo industrial.
Este patrón no es consistente con un modelo exportador que impulse el desarrollo industrial interno. En un modelo exitoso, el crecimiento de las exportaciones debería reflejarse en un aumento sostenido de la producción y el empleo manufacturero. En el caso mexicano, ocurre exactamente lo contrario.

El crecimiento económico confirma la debilidad estructural
El desempeño del Producto Interno Bruto (PIB) refuerza este diagnóstico. En 2025, la economía mexicana creció apenas 0.8% en términos reales. Esta tasa de crecimiento es extremadamente baja, especialmente considerando el contexto de exportaciones récord. Más aún, el sector secundario, que incluye la industria manufacturera, registró una contracción anual de -1.06%, convirtiéndose en el único sector que disminuyó durante el año.

Si bien el PIB registró un crecimiento de 1.8% en el cuarto trimestre de 2025 respecto al mismo trimestre del año anterior, este repunte no modificó el balance general del año, que fue de crecimiento débil. Este contraste entre el crecimiento trimestral y el resultado anual confirma que el dinamismo observado en algunos periodos no se tradujo en una expansión sostenida de la actividad económica.
Las expectativas económicas refuerzan esta perspectiva. De acuerdo con la más reciente Encuesta Citi de Expectativas, el consenso de analistas prevé que la economía mexicana crecerá apenas 1.30% en 2026 y 1.80% en 2027, cifras que confirman la persistencia de un crecimiento moderado. Al mismo tiempo, se anticipa que la inflación permanecerá por encima del objetivo del Banco de México, mientras que el tipo de cambio se depreciará gradualmente en los próximos años, aunque esto último todavía está por verse.

Este entorno confirma que el modelo exportador no ha logrado generar el dinamismo económico que se esperaba.
México como plataforma de transbordo en el comercio global
El propio patrón del comercio exterior mexicano ayuda a entender por qué el crecimiento de las exportaciones no se traduce en una expansión equivalente de la actividad manufacturera interna. Uno de los datos más reveladores es la discrepancia entre las cifras comerciales de México y China. En 2025, China reportó exportaciones hacia México por 89.2 mil millones de dólares, pero México registró importaciones desde China por 133 mil millones de dólares. La diferencia asciende a 43.8 mil millones de dólares, equivalente a casi la mitad del valor reportado por China. Esta discrepancia también aparece en el saldo comercial bilateral. China reporta un superávit con México de 69.1 mil millones de dólares, mientras que México reporta un déficit de 123 mil millones. La diferencia entre ambos registros alcanza casi 54 mil millones de dólares.
Estas cifras reflejan la enorme magnitud del flujo de bienes manufactureros que ingresan a la economía mexicana provenientes de Asia. Este fenómeno ocurre en paralelo con el fuerte crecimiento de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, que continúan siendo el principal destino de las ventas externas del país y representan más del 82% del total. En este contexto, el crecimiento del comercio exterior mexicano ocurre simultáneamente como un aumento de las exportaciones hacia el norte y un incremento sostenido de las importaciones provenientes del resto del mundo, particularmente de China.
El comportamiento más reciente del comercio exterior confirma esta dinámica. En enero de 2026, las exportaciones mexicanas crecieron 8.1%, alcanzando 48,008 millones de dólares, el mejor arranque de año desde 2018. Sin embargo, las importaciones crecieron aún más rápido, a una tasa anual de 9.8%, impulsadas principalmente por el aumento de 14.2% en las importaciones de bienes intermedios, es decir, insumos utilizados en procesos productivos. Como resultado, el déficit comercial mensual aumentó 24.3%, alcanzando 6,481 millones de dólares.
Este patrón revela que el crecimiento del sector exportador ocurre en paralelo con un aumento significativo de las importaciones de insumos productivos. En otras palabras, el dinamismo exportador mexicano está estrechamente vinculado al uso de bienes intermedios provenientes del exterior. Esta característica es consistente con el diagnóstico planteado por Robin J Brooks, que vemos a continuación.

El diagnóstico de Robin J Brooks: el modelo exportador no genera prosperidad interna
Este fenómeno ha sido analizado con particular claridad por el economista Robin J Brooks, ex economista jefe del Institute of International Finance, quien ha documentado que el extraordinario crecimiento del sector exportador mexicano no se ha traducido en un aumento sostenido de la prosperidad económica interna. Brooks señala que México suele presumir el tamaño y dinamismo de su sector exportador, y que en efecto el superávit comercial con Estados Unidos se encuentra en niveles históricamente elevados. Sin embargo, advierte que este hecho pierde relevancia cuando se observa que el ingreso real por habitante en México ha permanecido prácticamente estancado durante las últimas dos décadas. Es decir, el crecimiento del comercio exterior no ha venido acompañado de un aumento proporcional en la capacidad de generación de riqueza dentro de la economía nacional.
El análisis de Brooks revela un elemento aún más significativo. A pesar del fuerte crecimiento de las exportaciones manufactureras y del superávit comercial con la economía más grande del mundo, la contribución neta del sector externo al crecimiento económico de México ha sido prácticamente nula en el largo plazo. Esto significa que, en términos agregados, las exportaciones no han sido el motor del crecimiento económico nacional. En un modelo exportador convencional, el aumento sostenido de las exportaciones debería reflejarse en una contribución positiva al crecimiento del PIB, a través de mayor producción interna, mayor inversión y mayor generación de empleo. Sin embargo, los datos muestran que este efecto no se ha materializado de manera significativa en el caso mexicano.
Brooks también destaca que el crecimiento del superávit comercial con Estados Unidos ha sido compensado por déficits crecientes con el resto del mundo, lo que ha mantenido el balance comercial total en niveles relativamente estables. Este comportamiento es consistente con un modelo en el que una parte relevante del comercio exterior está asociada al flujo de bienes que ingresan al país para posteriormente ser exportados, sin que ello implique necesariamente una expansión proporcional del valor agregado generado dentro de la economía nacional. En este contexto, el dinamismo exportador refleja en gran medida la integración de México dentro de las cadenas globales de suministro, más que un fortalecimiento autónomo de su base industrial.
En este sentido, el diagnóstico de Brooks es particularmente claro. El sector exportador mexicano ha crecido de manera extraordinaria en términos de volumen, pero este crecimiento no se ha traducido en un aumento equivalente del ingreso, ni en una expansión sostenida del crecimiento económico, ni en una mejora estructural del desempeño de la economía nacional. Los datos muestran que el auge exportador, por sí mismo, no ha sido suficiente para impulsar el desarrollo económico interno, lo que obliga a revisar con mayor profundidad los fundamentos y los resultados reales del modelo exportador mexicano.

Conclusión
México ha logrado consolidarse como una potencia exportadora en términos contables. Las exportaciones alcanzan niveles récord, el comercio exterior crece y el país ocupa una posición central dentro de las cadenas globales de valor. Sin embargo, este éxito estadístico no se traduce en desarrollo económico interno.
La industria manufacturera se contrae, el empleo industrial disminuye y el crecimiento económico permanece débil. La evidencia es clara. El modelo exportador mexicano ha logrado aumentar el volumen del comercio exterior, pero no ha logrado impulsar el desarrollo sostenido de la economía nacional.
México exporta más que nunca, pero su industria no crece, su empleo manufacturero no aumenta y su economía no despega. Ese es el verdadero saldo del modelo exportador mexicano.
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Alejandro Gómez Tamez*
Director General GAEAP*
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