Una de las mayores restricciones que enfrenta la recuperación económica, en algunas partes del país, es la escasez de mano de obra. Es un problema mundial que también contribuye al incremento de precios que ahora sufrimos y que los bancos centrales buscan resolver provocando una recesión global. En el caso de México es común ver en las ciudades que toda clase de empresas publican sus vacantes laborales sin obtener respuesta, lo que les ocasiona pérdida de pedidos o penalizaciones por no cumplirlos a tiempo.  En esta entrega analizamos el impacto reciente que la escasez de mano de obra ha tenido en la producción nacional, lo que ha causado un crecimiento desmedido de las importaciones, y abordamos los cambios en las actitudes de los trabajadores, que los mantienen alejados del mercado laboral formal.

Respecto al impacto de la escasez de trabajadores en el desempeño económico, los datos del INEGI indican que entre el segundo trimestre de 2021 y el mismo trimestre de este año, la oferta y demanda agregadas crecieron 4.6%, tasa que en el actual contexto internacional puede considerarse como aceptable. Sin embargo, al analizar a detalle ese dato vemos cosas alarmantes. Desde el lado de la oferta agregada, el aumento de ésta obedece a un incremento anual del PIB de apenas 1.9% y un crecimiento de las importaciones de 12.3%. Es decir, las importaciones, como motor de la oferta agregada, crecieron casi seis veces más rápido de lo que aumento el tamaño de nuestra economía, lo que indica que nuestra inconclusa recuperación económica beneficia más a los extranjeros que a nosotros.

Por el lado de la demanda agregada, vemos que entre el segundo trimestre de 2021 y el mismo trimestre de 2022, el consumo privado creció 6.7% (pero como veremos a continuación, creció mucho más el consumo de bienes importados que el de bienes nacionales), el consumo de gobierno disminuyó -0.4%, la formación bruta de capital fijo (inversión productiva) aumentó 6.9%, mientras que las exportaciones de bienes y servicios son el componente más dinámico con un alza anual de 9.8% de crecimiento.

Profundizando en el análisis del consumo privado, las cifras de INEGI son alarmantes, por decir lo menos, y todos aparentemente somos responsables de ello. Sucede que entre el primer semestre de 2021 y el mismo semestre de 2022 el consumo privado en el mercado interior creció 7.8% anual real, por lo que ya se ubica 2.8% por arriba de su nivel del primer semestre de 2019. Es decir, el consumo agregado ya está arriba del nivel prepandemia. El problema es que el consumo de bienes nacionales muestra un crecimiento de apenas 2.8% este año y se ubica sólo 1.2% arriba del nivel de 2019, mientras que el consumo de bienes importados creció 17.1% anual real entre 2021 y 2022 ¡y se encuentra 25.4% por arriba del nivel de 2019!

Esto es indicativo de que la producción nacional de bienes y productos nacionales podría ser más alta e inclusive tal vez ya nos habríamos recuperado a un nivel de PIB prepandemia, si no fuera por nuestro excesivo crecimiento de importaciones de todo tipo de bienes finales, bienes intermedios e insumos.

En este sentido, como lo señalé líneas arriba, es innegable que al menos parte del elevado crecimiento de las importaciones se origina por los problemas de escasez de mano de obra, que restringen la producción nacional, lo que a su vez limita las posibilidades de crecimiento de muchos sectores productivos nacionales. Con esto en mente, a continuación comento la situación desde el punto de vista del cambio en la actitud de los trabajadores.  

En un artículo de Greg Ip, publicado en el Wall Street Journal del 21 de septiembre, y titulado “Las actitudes cambiantes de los trabajadores endurecen el mercado laboral” se hace una recapitulación de cómo la pandemia causada por el virus chino Covid-19, alteró las condiciones de trabajo y el ingreso que muchos colaboradores están dispuestos a aceptar. Si bien dicho artículo está escrito para lo que sucede en los Estados Unidos, me parece que tiene mucha aplicabilidad a lo que también pasa en México, por lo que en seguida plasmaré algunos de los puntos más relevantes y agregaré opiniones personales respecto al caso mexicano.

El artículo comienza señalando que el término “mercado laboral” no hace justicia a la compleja relación entre los trabajadores y sus puestos de trabajo. A diferencia de los bienes y servicios ordinarios, como losas de acero o tazas de café, a los trabajadores si les importa cómo los tratan, además de que tienen otras opciones de cosas que hacer con su tiempo, además de trabajar.

Esto se ha vuelto evidente a partir de algunos acontecimientos laborales recientes. Hace unos días, en Puebla, el Sindicato de Trabajadores de la Industria Automotriz Volkswagen (Sitiavw) aceptó la propuesta de incremento contractual presentado por la empresa Volkswagen de 11%; 9% directo al salario y 2% en prestaciones. De esta manera se conjuró la huelga que había estado amenazando. Por otra parte, la Mesa Técnica Tripartita que permitió levantar la huelga estallada por el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana en julio, no ha logrado establecer un acuerdo entre los telefonistas y Teléfonos de México, por lo que podría volver la posibilidad de huelga, pero en febrero o marzo de 2023. Hace un mes, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, más de mil mineros integrados al sindicato que a nivel nacional dirige Napoleón Gómez Urrutia comenzaron una huelga en la planta de Fertinal, propiedad de Petróleos Mexicanos (Pemex), luego que no alcanzaron acuerdos sobre el reparto de utilidades y violaciones al contrato colectivo de trabajo.

Estos ejemplos, y muchos más, sugieren que las actitudes y el balance de poder de negociación por parte de los trabajadores han cambiado de manera importante en los últimos años. El efecto es hacer que la mano de obra sea más escasa y más cara de lo que muestran los indicadores económicos ordinarios.

Por supuesto, las actitudes hacia el trabajo han evolucionado de manera gradual desde el siglo pasado, lo que refleja actitudes sociales cambiantes, como los esfuerzos por erradicar el trabajo infantil, los derechos de las madres a quedarse en casa tras dar a luz y si los empleadores deben ofrecer pagar las horas extras, brindar prestaciones para la atención médica u otros beneficios.

A veces, sin embargo, un solo evento cataliza un cambio acelerado. Por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial estimuló un gran impulso a la participación de las mujeres en la fuerza laboral de Estados Unidos. Ese hecho en el vecino del norte, desde luego que tuvo repercusiones importantes en la participación de la mujer en el mercado laboral en México.

La pandemia de Covid-19 podría haber catalizado, de manera similar, una reevaluación de lo que los trabajadores están dispuestos a hacer, por cuántas horas y con qué salario. Si bien esto consiste principalmente en evidencia anecdótica de lo que en Estados Unidos se ha denominado la «gran renuncia» o la «renuncia silenciosa», algunas evidencias empíricas en México apuntan en la misma dirección.

En el caso de México, la tasa de desocupación del 3.22% observada en el segundo trimestre de 2022, es inferior al 3.52% observado en el mismo trimestre de 2019, pero ahora hay una enorme cantidad de puestos de trabajo disponibles en la economía formal que antes no veíamos de manera tan alarmante ¿A qué se debe esto? Veamos, la tasa de participación laboral del segundo trimestre de 2022 fue de 59.82% y es un nivel similar a la de 60.2% observada en el segundo trimestre de 2019, por lo que queda claro que entre los que se retiraron del mercado laboral y los que ingresaron, básicamente la misma proporción de gente de más de 15 años está en el mercado laboral. Entonces eso nos deja con la siguiente hipótesis: el gran problema es que los números muestran que en el periodo de 2019 a 2022 la población ocupada creció en 2.45 millones de personas, pero de este total 1.30 millones se ocuparon en la economía informal y sólo 1.15 millones de personas ingresaron a la economía formal.

Los datos anteriores, reflejan que en México hay cierta renuencia de algunas personas a regresar al mercado laboral y que hay miles de personas renuentes a emplearse en la formalidad. Respecto a este punto ya hemos mencionado el excesivo nivel de endeudamiento de los trabajadores (con Infonavit, Fonacot, créditos de nómina, entre otros) y empleándose en la informalidad pueden evadir el pago de dichos compromisos.    

De acuerdo con Greg Ip, varios factores pueden erosionar la voluntad de las personas a trabajar. En primer lugar, las alternativas de qué hacer con el tiempo pueden volverse más atractivas, como el estar con la familia o realizar actividades de ocio. La libertad que genera el trabajar desde casa puede haber resultado tan agradable que algunos trabajadores preferirían renunciar antes que volver a encerrarse en una fábrica u oficina. En el caso de México, los apoyos que da el gobierno federal a través de sus programas asistencialistas pueden haber facilitado esta decisión para algunos; otros, puede ser, que simplemente ahora valoran menos el dinero o se acostumbraron a vivir con menos.

En segundo lugar, el trabajo mismo puede haberse vuelto más desagradable. El virus chino Covid-19 ha hecho que para algunos el trabajo en persona sea más riesgoso, mientras que las vacantes y el ausentismo han aumentado la carga de quienes si se presentan a trabajar. Es decir, supongamos que hay una planta mediana con 500 trabajadores y en ella hay ausentismo del 5% en un determinado día, pues resulta que ahora entre 475 personas tienen que hacer el trabajo de 500 por la misma paga. Muchos no están dispuestos a aceptar esto.

En ocasiones, el efecto de las condiciones en el mercado laboral es obvio. Sabemos que hay plantas donde los supervisores no tratan bien a la gente o no cuentan con instalaciones seguras. Además de que en algunas industrias es común no respetar los horarios laborales de los colaboradores (porque llegó tarde la materia prima, porque se fue la luz un rato o por lo que sea) o no se les pagan las horas extras. Todo esto termina por cansar a muchas personas y por eso se van a emprender algo por su cuenta (y es más fácil hacerlo en la informalidad). En resumen, a la gente no se le puede exigir ser más productiva, sin brindarle respeto y condiciones adecuadas, y esperar que se sientan felices en la empresa. 

El colapso en la oferta de trabajadores, calificados y no calificados, es indicativo de que mucha gente ya no está dispuesta a tolerar las mismas condiciones de antes por el mismo salario. Es por ello que estamos viendo incrementos importantes en los salarios promedio de las personas. En GAEAP realizamos un sencillo análisis con datos de la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera (EMIM) de INEGI y calculamos las remuneraciones totales pagadas en promedio al mes por persona ocupada en la industria manufacturera. Vemos que en los primeros siete meses de 2019 fueron de 12,094 pesos, en los mismos meses de 2020 sumaron 12,537 pesos, en 2021 subieron a 13,888 pesos y en el periodo de enero a julio de 2022 se dispararon hasta 18,970 pesos por persona al mes. Esto implica que en términos nominales, las remuneraciones promedio subieron 36.3% entre 2021 y 2022 y 56.9% entre 2019 y 2022. Desde luego aquí también podemos ver parte de la razón de la elevada inflación  en México.

¿Cuánto durará esta nueva actitud de los trabajadores hacia el trabajo y el poder de negociación que conlleva? Es posible que ya esté cambiando conforme la economía se desacelera derivado de las políticas monetarias más astringentes. Si bien este año se espera que el PIB de México crezca un 2.0%, la previsión para 2023 es de un aumento de 1.4%. Este menor crecimiento podría enfriar el mercado laboral y provocar que las personas disponibles en el mercado laboral retornen a los empleos que ahora rechazan. Es posible que una tasa de desocupación en México superior al 4.0% haga que el balance de poder entre trabajadores y patrones regrese a estos últimos. Ya lo veremos en los próximos meses.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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