El problema inflacionario está lejos de resolverse. El pasado mes de septiembre la inflación general de precios al consumidor en México fue de 8.7% anual, nivel idéntico al observado en el mes inmediato anterior; sin embargo, la preocupación respecto al aumento de precios ahora es mayor porque la inflación subyacente subió de 8.05% en agosto a 8.28% en septiembre. En el caso de Estados Unidos, la inflación general de septiembre bajó a 8.2% anual, desde 8.3% en el mes inmediato anterior, pero de igual forma el problema es que la subyacente subió de 6.3% a 6.6% (el nivel más alto en cuatro décadas). La inflación subyacente es aquella que deja de lado los precios de productos agropuecuarios y de los energéticos, que suelen tener un comportamiento más volátil, por lo que se le considera un indicador más preciso de las presiones inflacionarias de corto plazo que sufre una economía. 

En cuanto al alza de precios de los productos agropecuarios, en el caso de México ésta aumentó de 14.9% anual en agosto a 15.05% en septiembre, mientras que en Estados Unidos la inflación anual de alimentos disminuyó de 11.4% en agosto a 11.2% en septiembre. En cuanto al alza de precios de los energéticos, en el caso de México bajó de 7.25% anual en agosto a 5.88% en septiembre, mientras que en el caso de EE.UU., ésta pasó de 22.3% anual en agosto a 19.8% en septiembre.

Esta inflación crónica provoca que semana tras semana se deterioren las expectativas de analistas respecto de los incrementos futuros en las tasas de interés por parte de los bancos centrales. En el caso de México, la tasa de Cetes a 28 días se ubicó en 8.90% en la subasta del martes 11 de octubre, pero la tasa de interés implícita que calculamos en GAEAP para dicho instrumento la ubica en 10.26% para enero de 2023, 10.53% en abril de 2023 y de 10.68% para octubre de 2024. Así es, esta tasa de interés la calculamos con base al resultado de la subasta de Cetes de dicho martes 11 de octubre, en la que ¡se colocaron Cetes a 721 días con una tasa de 10.99% anual!

En el caso de Estados Unidos, después de que el pasado 13 de octubre se conociera el dato de inflación de 8.2%, vimos que la expectativa de tasa de interés de fin de año se ubicó en 4.85%; el mercado ahora asigna una probabilidad de 18% a que en su reunión de noviembre, la FED suba su tasa de interés en 100 puntos base; el bono a 30 años paga un interés anual de casi 4.00%, el nivel más alto desde agosto de 2011; el bono a 10 años está arriba del 4.00%; el dólar se apreció frente a la mayoría de divisas, lo cual perjudica la dinámica exportadora de EE.UU; y el bitcoin otra vez está por debajo de los 19 mil dólares.   

Como lo he señalado en pasadas entregas, la actual crisis inflacionaria tiene diferentes causas, pero en el caso concreto de los Estados Unidos, se debe a años de borrachera monetaria, en la forma de un exceso de liquidez que se ha ido agravando y que fue ocasionado desde el rompimiento del patrón oro en 1971, bajo la presidencia de Richard Nixon. El problema monetario ha existido en la forma de inflación (ya sea de precios de bienes de consumo o de activos), pero la tasa de crecimiento de los agregados monetarios se aceleró de manera exponencial a partir de la crisis financiera de 2008-2009, tras la caída de Lehman Brothers, y ésta fue exacerbada por la crisis causada por las decisiones gubernamentales ante la pandemia del virus chino del Covid-19. Hay que recordar que la enorme mayoría de países  incurrió en severos déficits fiscales (deuda) para sacar adelante sus economías y que en muchos casos, ese endeudamiento adicional fue monetizado a través de programas de compras de toda clase de bonos por parte de los bancos centrales (el llamado quantitative easing o QE). Cabe precisar que México no forma parte de ese grupo de países que se endeudó y monetizó su deuda para apoyar su crecimiento económico.

En 2021, la deuda mundial alcanzó un récord de 303 billones de dólares, según el Instituto de Finanzas Internacionales, una asociación mundial de la industria financiera. Este es un salto enorme respecto al nivel de deuda global en 2020 de 226 billones, según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este es el mayor aumento de la deuda en un año desde la Segunda Guerra Mundial.

Al final, en los últimos años, el exceso de deuda monetizada, traducida principalmente en mayor liquidez de dólares estadounidenses, provocó toda clase de burbujas en los precios de activos, como viviendas, precios de acciones y bonos, commodities, obras de arte, coleccionables, metales, entre otros, hasta que eventualmente llegó a los precios de los bienes de consumo a lo largo de este año.

Desde este espacio hemos comentado que el problema inflacionario que vive en México tiene causas internas y que éstas fueron exacerbadas por un problema de inflación importada. Hay que recordar que nuestras importaciones totales representan el 43% del PIB, por lo que si hay un problema inflacionario global, éste contaminará a México en la forma de productos, bienes intermedios y materias primas más elevados. Nuestro país comenzó a registrar tasas anuales de inflación desde marzo de 2021, por lo que cuando explotó el problema inflacionario en Estados Unidos, eso solo vino a agravar la situación aquí.

La respuesta a los inaceptables niveles inflacionarios causados por los bancos centrales, ha sido incrementar las tasas de interés por parte de los propios bancos centrales, como si sólo se tratará de un problema de demanda agregada. La apuesta de los bancos centrales, con independencia de que la economía mundial ha sufrido y sigue recibiendo importantes choques de oferta, es que a través de las alzas en las tasas de interés, se frené el consumo y la inversión, disminuyendo así la demanda agregada.  

El problema es que este problema inflacionario, no se resolverá tan fácil aumentando tasas de interés, sino que  tomará al menos dos años el que se estabilice la situación que mantiene a la oferta deprimida. Pero lo que es peor es que este proceso de contención de la inflación generará más pobreza, presionará las finanzas públicas de prácticamente todos los países (incluido México, que en el mejor de los casos pagará 1.1 billones de pesos por el servicio de su deuda en 2023), ocasionará estrés financiero a empresas y familias, y lo peor es que puede volver a repetirse. Digamos que es una falla en el sistema que se repetirá una y otra vez mientras el modelo monetario de dinero fiduciario o fiat no cambie.

En este sentido, en esta entrega quiero exponer que para resolver los problemas crónicos de inflación y volver a poner el sistema financiero internacional en orden, tal vez la mejor medicina sería regresar a un sistema similar al que se tenía hasta 1971, año en el que el presidente estadounidense Richard Nixon, eliminó el patrón oro.

En un artículo de Jp Cortez, director de Política de Sound Money Defense League, publicado en el portal de MoneyMetals.com, el pasado 8 de octubre y titulado “Congresista de EE.UU. presenta proyecto de ley de patrón oro mientras la inflación se sale de control” se recapitulan las bondades de retornar a dicho sistema, ya que permitiría que el dólar estadounidense recupere una posición estable por primera vez en medio siglo, si se aprueba un proyecto de ley que acaba de presentar el representante (diputado) republicano Alex Mooney.

Conocida como la «Ley de Restauración del Patrón Oro» por los activistas que promueven el retorno del dinero sólido, la H.R. 9157 exige la revinculación de la notas de la Reserva Federal (dinero emitido por la FED) al oro con el fin de abordar los problemas actuales de inflación, una deuda federal descontrolada e inestabilidad del sistema monetario. Cabe señalar que esta iniciativa se presentó el 7 de octubre de 2022 y se remitió al Comité de Servicios Financieros de la Cámara.

Tras la aprobación de la H.R. 9157, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. y la Reserva Federal tendrían 30 meses para divulgar públicamente todas las tenencias de oro y las transacciones de oro, después de lo cual los billetes de la Reserva Federal o sea el «dólar» estarían vinculados a un tipo de cambio fijo con el oro y ese sería su precio de mercado.

El dólar estadounidense sería nuevamente redimible e intercambiable con oro al nuevo precio fijo, con el Tesoro de los EE.UU. y sus reservas de oro respaldando a los Bancos de la Reserva Federal quienes fungirían como garantes.

El representante Mooney, en un comunicado señaló que “El patrón oro protegería contra los hábitos de gasto irresponsables de Washington y la creación de dinero de la nada…Los precios estarían determinados por la economía en lugar de los instintos de los burócratas. Nuestra economía ya no estaría a merced de la Reserva Federal y los gastadores imprudentes de Washington».

En sus considerandos, la Ley de Restauración del Patrón Oro hace mención de varias conclusiones sobre el daño que el Sistema de la Reserva Federal ha infligido a los estadounidenses comunes, particularmente desde que se «suspendió temporalmente» el respaldo en oro del sistema monetario de Estados Unidos en 1971.

H.R. 9157 señala lo siguiente: “El billete de la Reserva Federal ha perdido más del 30 por ciento de su poder adquisitivo desde 2000, y el 97 por ciento de su poder adquisitivo desde la aprobación de la Ley de la Reserva Federal en 1913”.

Los economistas han observado que cuando se rompió la convertibilidad de billetes por oro a un tipo de cambio fijo, se eximió a los banqueros centrales y a los funcionarios del gobierno federal de sus responsabilidades, permitiéndoles expandir irresponsablemente la oferta monetaria, financiando los déficits gubernamentales a través de compras de billones de dólares de bonos y manipular la economía como les plazca. En este sentido es importante mencionar que en el caso de México, producto de la autonomía del Banco de México, el banco central tiene prohibido dar financiamiento al gobierno federal, por lo que no aplica el tema de monetización de la deuda; sin embargo, si es verdad que la Junta de Gobierno del Banco de México tiene la libertad de aumentar o disminuir la base monetaria e incidir en el nivel de tasas de interés, sin pedirle permiso a nadie.

“En ocasiones, incluyendo 2021 y 2022, las acciones de la Reserva Federal ayudaron a crear tasas de inflación del 8 por ciento o más, aumentando el costo de vida de muchos estadounidenses a niveles insostenibles… enriqueciendo a los propietarios de activos financieros mientras… poniendo en peligro la empleos, salarios y ahorros de los trabajadores de cuello azul”, menciona la H.R. 9157.

En particular, el proyecto de ley del representante Mooney también requeriría la divulgación completa de todas las tenencias de oro del banco central y del gobierno de EE.UU. y las transacciones financieras relacionadas con el oro durante las últimas 6 décadas, un tema aparentemente tabú rodeado de misterio y engaño. Concretamente menciona: “Para permitir que el mercado y los participantes del mercado lleguen a la paridad fija dólar-oro de los billetes de la Reserva Federal de manera ordenada… el Secretario del Tesoro y la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal pondrán a disposición del público… todas las tenencias de oro, con un informe de cualquier compra, venta, arrendamiento y cualquier otra transacción financiera que involucre oro, desde la suspensión temporal el 15 de agosto de 1971, de las obligaciones de canje de oro bajo el Acuerdo de Bretton Woods de 1944.”

Además, H.R. 9157 requiere que la Fed y el Tesoro divulguen «todos los registros relacionados con rescates y transferencias de oro de los Estados Unidos en los 10 años anteriores a la suspensión temporal el 15 de agosto de 1971 de las obligaciones de rescate de oro».

A todo este respecto, Stefan Gleason, presidente de Sound Money: Liga de Defensa y Bolsa de Dinero y Metales, menciona que “El sistema actual de dinero fiduciario basado en la deuda sirve principalmente para apoyar a los grandes gobiernos y a los expertos financieros adinerados, mientras que la política en serie de degradación de la moneda de la Reserva Federal castiga a los ahorradores y asalariados, ya que socava la economía…El regreso a un nuevo patrón oro detendría el problema de la inflación, frenaría el crecimiento de un gobierno derrochador e ineficiente y daría inicio a una nueva y emocionante era de prosperidad estadounidense”.

A manera de conclusión podemos señalar que el regreso al patrón oro podría ser el ajuste que el sistema monetario global necesita para erradicar la inflación y poner fin a años y años de crecimiento excesivo de la deuda; sin embargo, lo más probable es que la iniciativa H.R. 9157 no prosperará, dado que los gobiernos no permitirán que se les ponga una camisa de fuerza que los obligue a comportarse con responsabilidad en materia monetaria y fiscal. Además de que el grueso de la población no entiende las causas de la inflación, como para exigirle a sus representantes que la H.R. 9157 sea aprobada. Entonces, si el ajuste no se da en los Estados Unidos, difícilmente se dará en otros países como México. En nuestro caso, hay diversos personajes que promueven que tengamos un sistema monetario en el que el peso mexicano esté respaldado en la plata, pero acá tampoco se ve que existan las condiciones para que una propuesta en este sentido avance. Por lo tanto, debemos mentalizarnos a que episodios inflacionarios como el actual, por la expansión indiscriminada de dinero fiduciario, se seguirán repitiendo en detrimento del poder adquisitivo de la gente.

Alejandro Gómez Tamez*

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

1 comentario

  1. Interesante, enriquecedor y preocupante artículo y la necesidad de regresar al patrón oro para beneficio de la economía del mundo

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